Día 19: Lima – Miraflores

Salimos de Paracas hacia Lima en autobús esta vez con la compañía Oltursa (S/.60), por precio y horario. El autobús era similar al del Cruz del Sur pero el que nos tocó a nosotros en concreto un poco más viejo. En poco más de 3 horas nos dejó en su estación en Lima.

curiosidadesLas compañías de autobuses te recogen las maletas dentro de la estación en un mostrador para ello común para todos los autobuses. Te dan un ticket-resguardo y se encargan de subirlas al autobús correspondiente. Luego a la llegada tienes que ir al mostrador y presentar tu ticket para recogerla.

Un taxi nos llevó hasta el hotel por S/.12.

hotelNos alojamos en la Casa de Baraybar, situada en una pequeña calle del distrito de Miraflores. Conviene tener un mapa de la zona para indicarle al taxista ya que no siempre conocen todas las calles y muchos no llevan mapa GPS.

El hotel se abre tras una discreta puerta. Hay un pequeño jardín a la entrada que da paso a la recepción. El hotel tiene un interesante toque de decoración con artesanía del Perú, pero con un gusto moderno.

Resultó un sitio muy tranquilo y silencioso donde dormimos fenomenal. La habitación que nos tocó ($66, unos 48€) no era muy grande, pero la cama sí que era enorme y además comodísima, con almohadas de plumas. El baño sin ser nuevo estaba en buen estado. En general muy buena habitación para el precio pagado, añadido a la buena situación del hotel dentro de Miraflores. Lo peor del hotel es que no tenía ascensor para subir al cuarto piso, algo muy habitual en Perú, pero en este caso el personal del hotel se encarga de subir y bajar las maletas.

El desayuno buffet es un tanto escaso en variedad, aunque quizás nos habíamos acostumbrado mal a que nos hicieran huevos a petición 🙂

Una vez instalados nos fuimos de paseo por el barrio de Miraflores. El hotel está cerca del mar así que caminamos a lo largo del paseo marítimo. Curiosamente esta parte de Lima tiene unos acantilados bastante altos de cara al océano. A lo largo del acantilado se ha construido un parque muy agradable de pasear y que se conserva muy verde. La única pena es el tiempo perennemente nublado de Lima. Ni un resquicio de sol.

Paramos a tomar un café en una pequeña cafetería justo al borde del acantilado, llamada con razón Buenavista. Un lugar muy romántico.

Seguimos caminando y vimos el pequeño faro y a continuación el Parque del Amor. Es un pequeño rincón con un banco contínuo recubierto de trozos de azulejo al estilo del parque Güell, lleno de motivos y frases románticas. Esta parte del paseo ya tiraba más a cursi 🙂

Cerca del parque del Amor hay gente que se tira en parapente aprovechando las corrientes de aire ascendentes del barranco. Esto preferimos no probarlo :-).

Nos llamó la atención que todo el paseo está flanqueado por modernas torres de apartamentos, un paisaje muy distinto a las casas de ladrillo de 1 ó 2 pisos sin acabar que hay en el resto de Lima y Perú.

Poco después nos dirigimos hacia el centro por una avenida insulsa. El parque Central (Kennedy) en sí tiene poca gracia aunque está rodeado de calles peatonales con unos cuantos bares que sí parecían interesantes.

Bajamos nuevamente hacia el mar por la considerada como la avenida comercial de Miraflores, la avenida Larco. Resultó bastante decepcionante, las tiendas reultaron ser bastante sencillas tirando a cutres, mezcladas con quioscos de recuerdos y sucursales de bancos. Visita totalmente prescindible si no teneis mucho tiempo.

Finalmente arribamos al centro comercial Larcomar, construido en terrazas sobre el acantilado y donde habíamos quedado en reunirnos nuevamente con Jan y Mery tras su periplo por el Camino Inca. Estábamos ansiosos por oir como les había ido.

Aunque parezca mentira por primera vez en todo el viaje pudimos sentarnos los cuatro juntos a disfrutar de un pisco sour 🙂 . Allí nos contaron que el Camino fue muy cansado, un auténtico reto pero a la vez muy satisfactorio y que les había encantado.

Entre anécdota y anécdota cayeron algunos piscos más y es que había que recuperar el tiempo perdido 🙂 Al final llegó el momento de irse y darnos el homenaje gastronómico con mayúsculas del viaje a modo de despedida.

La cocina peruana tiene cada vez más fama mundial. El chef Gastón Acurio abrió el camino y su restaurante de Lima está entre los 20 mejores del mundo según la lista de San Pellegrino. Mirando la lista por curiosidad ví que otro restaurante limeño, el Central, también estaba entre los 50 mejores. Comparamos webs, críticas en distintos foros, y dado que ya habíamos probado a Gastón en Cusco (y Jan y Mery además en Arequipa) nos decidimos por ir al Central, porque parecía más “fresco” o novedoso.

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