Día 07: de Puno a Cusco

A las 6:45 nos presentamos en la estación de autobuses de Puno para tomar el bus turístico de la compañía WonderPerú ($35, unos 25€) que nos llevaría hasta Cusco. Hay varias compañías que hacen esta ruta turística con paradas para visitar distintos sitios lo largo del camino como por ejemplo Inkaexpress o Turismo Mer. Nosotros llevábamos ya hecha la reserva por internet el día antes, pero se podría contratar el viaje sin mayor problema en el día yendo un rato antes a la estación, en cualquiera de las múltiples compañías de autobús que hacen el mismo trayecto con iguales paradas y que salen a la misma hora.

Los buses de WonderPerú son muy nuevos y cómodos, con asientos muy amplios. El viaje incluía un guía que nos explicaría detalladamente en cada parada, una comida buffet a mitad del camino y bebidas frías o calientes durante todo el trayecto. Nos pareció que estaba todo muy bien organizado y que la empresa ofrece un servicio de calidad. Lo único que no venía incluído con el billete eran las entradas a los sitios que costaron S/.28 en total, aunque a nuestros amigos por un descuido al final no se las cobraron, jejeje.

Pukara

La primera parada fue en Pukara, unas ruinas de una civilización pre-inca. Primero visitamos el museo con unas piezas entre las que destacaban las dedicadas a un felino parecido al jaguar del que no recuerdo el nombre. Aprendimos lo que es la cruz andina, que veríamos repetidas veces en el día y posteriormente en varias ruinas incas. También vimos que el gran imperio inca duró poco en el tiempo, aproximadamente desde el 1400 hasta 1535 en que fueron derrotados por los conquistadores. Los incas adoptaron todas las costumbres, dioses y conocimientos de los pueblos que ellos conquistaron y los aplicaron mejorándolos.

Tras el museo visitamos las ruinas de las antiguas pirámides incas del complejo de Pukara. Hay muy poco excavado pero se pueden ver los muros y los escalones de entrada de lo que fue una de las 3 pirámides. Como anécdota puedes caminar por uno de los túneles que utilizaban los pukara para defensa y que unían las pirámides entre sí bajo tierra.

La Raya

Un rato después llegamos a La Raya, el punto más alto del recorrido a 4.335 m de altitud y que divide las regiones de Puno y Cusco. Desde allí se divisan algunos picos cercanos, pero en mi opinión es mucho menos impresionante que el Mirador de los Volcanes, aunque alguno de mis compis de viaje opinó lo contrario 🙂

20130922-214843.jpgLa Raya

Un poco más tarde almorzamos en el restaurante buffet de la empresa (por lo visto cada compañía tiene su propio edificio-restaurante) donde se podían degustar la mayoría de los platos más típicos de la gastronomía peruana. Un muy buen buffet en cuanto a variedad y calidad, sí señor.

Raqchi

La siguiente parada fue en las ruinas de Raqchi, en lo que fue un centro neurálgico del imperio inca. Allí uno de los reyes incas mandó construir un templo al dios Wiracocha, creador del universo. Este dios era ya conocido por los pueblos pre-incas por lo que fue una manera de consolidar su fidelidad. Al lado del templo se podía ver el poblado con restos bastante bien conservados de lo que fueron casas, grandes y perfectamente alineadas de este a oeste. Otra extensión de terreno cercana correspondía a antiguos campos de cultivo donde los incas cultivaban sobre todo cereales. Este sitio también ejercía las veces de almacén para el reino, como atestiguan los restos de hasta 160 graneros existentes en el recinto, de los cuales se han reconstruido 8 para poder hacernos una idea de su tamaño y forma originales. Por último en lo alto del cerro se corservan hasta 5 km de la muralla de 3 metros de alto que protegía todo el complejo de los posibles asaltos de enemigos e impedían que “el pueblo” o sus enemigos vieran lo que los incas de clase alta hacían dentro del recinto. Una visita bastante interesante.

RaqchiRaqchi

A la salida había innumerables puestos de artesanía con sus vendedoras vestidas con sus trajes típicos. Me gustaron mucho unos ajedreces con pequeñas piezas finamente talladas por tan solo S/.10. Afortunadamente nos llamaron para subir al autobús y evité la compra compulsiva… por esta vez.

La preciosa iglesia de Andahuaylillas

La última parada fue en el pueblo de Andahuaylillas para ver su afamada iglesia considerada “la capilla sixtina de Sudamérica”. Efectivamente nada más entrar impacta la exhuberancia de colorido, el refulgor del pan de oro que cubre buena parte de los marcos sobre las paredes, el altar de plata y espejos, el increible artesonado del techo, las pinturas… en dos palabras: im-presionante.

En sí la iglesia no es muy grande, pero no hay un solo rincón que haya sido dejado de decorar. A la entrada hay un curioso fresco representando el camino al cielo y al infierno, muy gráfico y bien pintado. El estilo barroco de la mayoría de la iglesia se mezcla con el mudéjar del artesonado y también con alegorías a las creencias incas, ya que el objeto de esta iglesia era originariamente el convertir a los nativos al cristianismo. Según nos contó el guía, en este valle los incas eran reacios a cristianizarse así que se decoró esplendorosamente esta iglesia para impresionarles y convencerles.

Primera impresión de Cusco

Finalmente a eso de las 17:30 llegamos a Cusco, la única ciudad de Perú que está “algo acabada”. La compañía WonderPerú nos dejaría en lo que nos describieron pomposamente como su “estación de autobuses privada” y que resultó ser solamente la acera frente a su pequeña oficina en una avenida… un tanto cómico.

Un taxi nos llevó por S/.7 hasta el hostel Pan-tástico, en el centro de la ciudad, donde dejamos las maletas. Yo ya me encontraba mucho mejor pero era Jan el que aún habría de pasar jodido un par de días más y se quedó en la habitación descansando.

hotelEl hostal Pantástico ($20, unos 15€) es un alojamiento muy muy sencillo y tanto las habitaciones como el baño son muy pequeños. A su favor hay que decir que las habitaciones están decoradas muy originalmente con pinturas murales hechas a mano representando las 4 estaciones.

Lo peor de este hostal es lo ruidosísimo que es. Como bien dice el nombre del hostal 😉 además de un hospedaje es una panadería, lo que quiere decir que a las 5 de la mañana empieza a funcionar el horno y lógicamente hace bastante ruido. Por otra parte nuestras habitaciones estaban en la planta baja al lado de la puerta de entrada, con lo que toda la noche estuvimos oyendo entrar y salir gente, llamadas al ruidoso timbre,etc. a través de la puerta que parecía de papel.

Salimos a dar el primer paseo por Cusco bajando por la estrecha y bulliciosa Cuesta de San Blas, que va a dar a la Plaza de Armas. Esta estrecha calle está llena de tiendas de artesanía, recuerdos y obras de arte. Una de las manzanas de la calle la forma un impresionante muro inca con sus enormes piedras encajadas entre sí sin argamasa, entre las que destaca una enorme que es famosa por estar perfectamente encajada en el muro a pesar de tener 12 ángulos.

Nuestra primera impresión de Cusco ya era muy buena, pero todavía quedamos más impresionados con la magnífica plaza de Armas en la que sorprende la mezcla de estilos, con la Catedral en un lado y la iglesia de los Jesuítas igualmente grande rivalizando en protagonismo. Preciosos los balcones de madera ricamente labrada por encima de los soportales de piedra.

Cusco - Plaza de Armas

Tomamos un pisco sour en el bar Los Perros, situado al final de la calle Tigre, detrás de la plaza de Armas. Es un bar con una decoración cuidada y buena música, el buen ambiente que se veía desde fuera nos animó a entrar. Mi pisco se llamaba algarrobina (S/.17), a la receta original le añaden un licor llamado algarrobina que le aporta un sabor similar al brandy.

Buscando donde cenar, evitamos a toda costa el Retama (teníamos muy malas referencias de tal antro) y acabamos entrando al final en el Plaza, uno de tantos restaurantes de la plaza de Armas, donde pudimos disfrutar de la cena en uno de los balcones con estupendas vistas. Lo que yo tomé no me gustó mucho pero las chicas sí que salieron contentas con sus platos con nombres entre románticos y cursis como “Ave del amor”, “Noche de pasión” o “Filosofía andina”. En global no estaba mal del todo, pero tampoco nos quedaron ganas de repetir.

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