Día 05: el Titicaca

Nuetro siguiente destino era el lago Titicaca, donde teníamos la intención de hacer una excursión que visitase varias de sus islas y pasar la noche con el pueblo Amantaní. Para ello preparamos una mochila con lo necesario y dejamos las maletas en el hotel, que amablemente nos las guardaron sin coste adicional.

Un taxi (S/.4) nos dejó en el embarcadero un poco antes de las 8:00, hora de salida de todas las excursiones. Allí hay 6 ó 7 casetas de distintas compañías con una oferta variada de tours. Nos dirigimos a la caseta Amantaní donde contratamos directamente con ellos el trayecto en barco (S/.30) y la estancia con los nativos (otros S/.30 por persona). No hubo ningún problema por reservar sobre la marcha el mismo día, de hecho recomendamos contratar cualquiera de las excursiones a las islas allí mismo con el propio capitán del barco para evitar encarecer el viaje pagando intermediarios innecesarios. Hacerlo un poco antes de la partida de los barcos es sumamente fácil y todo el dinero invertido en el viaje va a parar a los habitantes de la isla y la gente de la zona, que son los que lo realmente lo necesitan.

Nos subimos a la vieja barca. La primera parada fue para visitar las islas de los Uros, el mítico pueblo que vive en islas flotantes hechas con una especie de juncos (aquí llamados totoras). Es realmente curiosísimo ver como varias familias sobreviven en esta reducida superficie flotante de juncos. No nos cobraron por la visita, aunque nos ofrecieron amablemente comprar artesanía local. Aquí no había mucho margen al regateo, ya que un puesto lo llevaba la mujer del jefe, otro la suegra y otro la tía.

Al llegar el Presidente Tomás nos explicó con una pequeña maqueta como se hacían las islas y también curiosidades como la forma de cocinar sobre los juncos evitando que el fuego incendie toda la isla.

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Lago Titicaca - UrosLago Titicaca - Uros

Finalizamos la visita con un paseo en una de las típicas barcas hechas con totora por las tranquilas aguas del Titicaca (S/.5). Una visita muy interesante y curiosa, merece la pena de todas todas.

Según nos dijo el guía, las islas de Uros más cercanas a Puno están demasiado “turistizadas” y ésta que visitamos nosotros, por ser una de las más alejadas, aún conserva bastantes signos de autenticidad aunque inevitablemente tiene su parte preparada para turistas.

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Volvimos a la barca para dirigirnos a la teóricamente casi inexplorada isla de Amantaní. La primera sorpresa es que la ladera de la isla está llena de casas de ladrillo, la verdad, todos esperabamos algo más espartano. En el embarcadero nos cobraron el ticket turístico de entrada a la isla (S/.5), ticket que habríamos de llevar en todo momento. De hecho nos dieron un ticket por pareja, por supuesto pagando S/.10, y por la tarde el mismo inspector nos dijo que tenía que ser un ticket por persona y pretendía que pagásemos otro.

En el muelle nos presentaron a la señora Esther, que sería nuestra anfitriona durante nuestra estancia en la isla. Acudió a buscarnos con el traje típico, la falda de vuelo y el mantón negro bordado de colores sobre la cabeza. Por lo que nos contó ella misma tienen repartidas las estancias de los turistas mediante un sistema rotatorio, con lo que les toca un grupo de visitantes cada 2-3 meses nada más. Los turistas son muy cotizados entre las familias del pueblo obviamente por ser una importante fuente de ingresos para los Amantanís, que sobreviven como pueden con la siembra de patatas, zanahorias y poco más, o la cría de aproximadamente unas cuatro ovejas por famila.

Lago Titicaca - Isla AmantaníLago Titicaca - Isla Amantaní

Esther nos acompañó a su casa y nos instaló en la habitación, de construcción sencilla pero bien preparada, constaba de 4 camas por suerte bien equipadas con mantas (nuestro principal miedo era el frío que haría por la noche con temperaturas de tan solo 4º y por supuesto sin calefacción) y una mesa con 4 sillas. La habitación se veía recién pintada y estaba decorada con artesanía local, alguna foto de familia y cortinas manufacturadas con telas típicas andinas. En la casa, en la planta baja, había un baño con retrete y ducha provisto de desagüe pero no de agua corriente, con lo que la única forma de “tirar de la cadena” era con un caldero de agua dispuesto al lado para tal fin al estilo de Camerún. El agua de la ducha procedía de un bidón grande que vimos en el piso superior,y llegaba a la alcachofa mediante una pequeña tubería. Es por esto que recomendamos ducharse a mediodía o al fnal de la tarde, pero no por la mañana 🙂

Nada más llegar, Esther nos sirvió el almuerzo. La comida era sencilla pero quizá por estar preparada con productos naturales cultivados por la propia familia que nos acogía nos supo riquísima. Tras el almuerzo nos sacó la artesanía hecha por ellos, sobre todo prendas de lana, y compramos algunas cosas con la intención de completar un poco el precio de la estancia (S/.30 por persona por dormir + pensión completa nos parecía un precio irrisorio y esta gente tiene muchas carencias).

Después de comer tocaba la única excursión posible en la isla: subir a lo más alto de la isla donde se encuentran los santuarios de Pachamama y Pachatata. Pero, ay, sólo llevaba subidas un par de cuestas cuando empecé a encontrarme bastante mal, así que decidí que sería mejor volver a la casa y quedarme allí descansando, decisión que resultó muy acertada puesto que el resto del día me lo pasé casi sin salir del baño 😦

Jan y Mery sí que lograron llegar al santuario después de una subida bastante durilla y se quedaron allí viendo la puesta del sol sobre el lago Titicaca que describieron como maravillosa.

A la vuelta de la excursión de nuestros amigos, ya de noche, nos sirvieron la cena, también riquísima, aunque en mi estado sólo me atreví con la sopa y un mate de coca, muña y dura (hierba de utilidad obvia) que me preparó amablemente Esther. La sopa y el mate me sentaron muy bien, pero no me evitaron otra visita a oscuras al baño… es en estos momentos cuando aprendes a valorar realmente las comodidades que das por supuestas en tu casa.

Nos fuimos a dormir realmente preocupados por el tremendo frío, pero hay que reconocer que con las 3 ó 4 capas de pesadísimas mantas de lana de alpaca fue suficiente para que pudiésemos dormir, casi aplastados por tanto peso, pero eso sí, ¡sin pizca de frío!

Por suerte el mate (y algo haría también el Fortasec) me permitieron dormir el resto de la noche sin tener que arriesgar mi vida bajando por aquellas escaleras totalmente a oscuras para llegar al baño.

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Un comentario en “Día 05: el Titicaca

  1. Elisa dijo:

    Tiene todo una pinta estupenda, pena del percance intestinal ;-( Espero que te hayas recuperado bien.

    😉 Gajes del oficio de pululante 😉

    Besinos.

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