Día 04: el cañón del Colca y los cóndores

Un pequeño pero completo buffet nos saludó el día en el Hotel Colca Inn antes de que nos recogiesen a las 6 para emprender camino hacia el cañón del Colca.

En el camino paramos en el pueblo de Yanque para ver la iglesia, de blanco inmaculado por fuera y muy colorida por dentro, de nuevo plagada de santos vestidos con ropajes chillones y huchas por doquier por si quieres dejar un donativo voluntario. A la salida de la iglesia hay un “funcionario” local encargado de que no se te olvide dar tu donativo voluntario. En la plaza de Armas había unos cuantos puestos de venta de souvenirs, objetivo claro de esta parada, unos niños vestidos con el traje típico y un atronador altavoz con cánticos típicos que acabó de despertar hasta al más dormilón y del que había que ponerse a varias decenas de metros de distancia si querías conservar intactos tus tímpanos.

Apenas 20 minutos después paramos en otro pueblo repitiéndose la jugada quitando que aquí afortunadamente no había altavoz. Sabíamos que era una excursión “turisteira” pero esto ya se pasaba de lo razonable.

Afortunadamente sin más paradas nos dirigimos hacia el cañón del Colca por una incómoda carretera de tierra que hacía que cantidades industriales de polvo se colase por todas las rendijas de la furgoneta.

Al cabo de una hora nos apeamos para recorrer un pequeño sendero que bordea el cañón del famoso río Colca y donde ya pudimos ver los primeros cóndores con su vuelo majestuoso sin apenas mover las alas.

Tras caminar una media hora el sendero finalmente nos condujo al Mirador de la Cruz del Cóndor donde se avistaba un grupo de unos 10-15 cóndores justo encima de la cabeza de los turistas (por lo que supimos después lo normal es ver sólo 4 ó 5), y apretamos el paso hacia allá aunque desafortunadamente los cóndores decidieron marcharse justo cuando llegábamos. Aun así nos dió tiempo a hacer varias fotos de estas impresionantes aves desde muy cerca, justo por encima de nuestras cabezas.

Cañón del ColcaCañón del Colca

Quedamos un rato más viendo pasar a algún ocasional cóndor. En el trayecto de vuelta hacia Chivay paramos en un mirador desde donde se avistaba el impresionante valle del Colca y las miles de terrazas en distintos tonos de verde y amarillo usadas para el cultivo desde la época preincaica, en un paisaje similar a los arrozales de Sapa en Vietnam y otros sitios de China. Curiosamente, en lugar de regar sus cultivos con agua del río tenían un sistema que canalizaba el agua procedente del deshielo de los neveros de las altísimas montañas cercanas, copiando un método ideado hace siglos por sus antecesores preincas.

Cañón del Colca

Bajamos otra vez hasta Chivay comiendo literalmente toneladas de polvo de la carretera y almorzamos en otro de los restaurantes buffet para grupos de turistas. La comida un poco mejor que el día anterior aunque no tan buena como la de la noche. Entre los platos nuevos que probamos la quinua a la jardinera. La quinua es un cereal típico andino conocido como el arroz de los quechuas y que se parece más bien a la tapioca. No estaba mal.

Nada más después de comer nos acercaron a la estación de autobuses. Tras quitar varios kilos de polvo a las maletas para poder reconocerlas, las facturamos en el bus 4M-Express (S/.125) que salía a las 13:00h hacia Puno, nuestro próximo destino. El precio incluye un sandwich, un botellín de agua y un pequeño chocolate. Éste es un autobús de los denominados turísticos ya que durante el recorrido va haciendo paradas en los sitios más interesantes para los turistas. El bus dispone de asientos amplios y bastante cómodos, y nos acompaña una azafata que hace las veces de guía comentando los lugares más interesantes del trayecto, aunque parecía ya aburrida de su trabajo ya que soltaba un sonoro bostezo cada tres palabras.

Un punto precioso es el lago Lagunillas, se trata de una amplia extensión de agua donde se pueden ver varios tipos de aves entre las que destaca el flamenco. El paisaje es aquí sobrecogedor realzado por la luz del sol poniéndose.

Laguna Lagunillas

Tras pasar ya de noche por la bulliciosa Juliaca llegamos a Puno hacia las 7 de la tarde. Antes de acabar el recorrido nuestra azafata-guía turística pasó la gorra por el autobus pidiendo una propina para el conductor ¡lo nunca visto! Supongo que en agradecimiento por habernos traído sanos y salvos… El billete ya era caro de por sí, así que obviamente no dejamos nada. Un taxi (S/.5) nos llevó desde la estación de autobuses hasta nuestro hotel en Puno donde nos instalamos y nos dimos un rápido aseo después del largo y polvoriento viaje.

Ya era un poco tarde y Puno aparecía desangelada. La catedral lucía preciosa con su iluminación nocturna. Nos dirigimos rápidamente a cenar.

restauranteHabía leído buenas críticas del Lluvia en Tripadvisor. Resulta que es el restaurante del hotel Conde de Lemos, situado justo detrás de la Catedral y apocos metros de nuestro hotel. Al llegar nos decepcionó la decoración, con muebles muy sencillos y que nos hizo pensar que nos habíamos equivocado en la elección.

De entrante pedimos una tabla de quesos que ni fú ni fa. Le acompañaban varios tipos de papas, unas más ricas que otras (en Perú existen unos 3000 tipos de papas diferentes).

De plato principal (aquí dicen plato de fondo) pedí lomo de alpaca a la parrilla con guarnición de papa y queso. La mejor alpaca que probé hasta la fecha. Al estar poco hecha la carne era más jugosa y tierna, y eso que los trozos eran bastante gordos.

La churri por su parte pidió carpaccio de alpaca también finamente preparado y que nos gustó mucho a todos, muy muy bueno.

En el otro lado de la mesa Jan se decidió por un crocante a la florentina que eran unos buenos trozos de trucha muy jugosos por dentro y rebozados en una masa crujiente pero nada pesada ni grasienta. Muy original y también sabroso. No quedó nada.

Y finalmente Mery se apuntó a unos raviolis de patata dulce, muy bien presentados y cubiertos de una salsa de intenso sabor a naranja que combinaba a la perfección. Un acierto.

No nos dió tiempo a pedir postre ya que éramos los últimos del salón y nos trajeron la cuenta sin pedirla. Un feo detalle. Con un vino blanco sauvignon del Perú (S/.60) el total salió por S/.188

En resumen muy buena y original cocina con platos sabrosos y bien preparados. Buena RCP. A mejorar el servicio y la decoración.

Tras la buena cena nuestros agotados cuerpos ya pedían a gritos un descanso así que de allí nos fuimos directos al hotel.

hotelEl hotel Hacienda Plaza de Armas es un 3 estrellas que está bien para el precio ($40, unos 30€). Habitación muy amplia y baño también grande, nuevo, limpio y bien equipado. Un detalle importante: con calefacción en todas las habitaciones. El botones encargado casi en exclusiva de abrir las puertas a los clientes nos subió las maletas hasta la habitación.

El buffet desayuno en los hoteles nunca es muy variado por lo que vamos viendo, pero en éste agradecimos mucho la variedad de fruta fresca y ricos zumos/batidos. Además había café “concentrado”, que tomamos encantados después de todos estos días desayunando agua caliente con hierbajos. Por mi parte también probé unos “quinua flakes” que no estaban mal.

Anuncios

Un comentario en “Día 04: el cañón del Colca y los cóndores

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s