Día 03: El altiplano y Chivay

Madrugamos muy descansados por fin y dimos buena cuenta del excelente buffet del hotel Libertadores.

A las 8 estaba prevista la recogida por parte de la agencia Mundo Andino (S/.115) para hacer la excursión de dos días hacia el altiplano, Chivay y el cañón del Colca. Finalmente aparecieron a las 8:30, y eso que éramos los primeros. Empezamos a darnos cuenta de que en Perú el significado de algunas palabras es “ligeramente” distinto.

Recogimos algún pasajero más en otros hoteles de Arequipa hasta que por fin llegamos al de nuestros amigos con los que vamos a compartir buena parte del viaje, Jan y Mery. Nos dió mucha alegría verlos y unirnos a ellos y según nos contaron sus peripecias con maletas, aviones y alojamientos hicieron que las nuestras se quedasen en anécdota.

curiosidadesEl principal miedo al empezar la excursión es el soroche o mal de altura. Arequipa está a 2.300 metros de altitud y dormiríamos en Chivay a 3.630 tras haber pasado por puertos a 4.900 m. Habiendo leído multitud de desventuras en foros de gente que se había pasado varios días con fuertes dolores de cabeza y vomitonas, estábamos realmente preocupados e intentamos recopilar todas las recomendaciones posibles en foros y otras fuentes.

24 horas antes del viaje empezamos a tomar regularmente Edemox (Acetazolamida) que según muchos estudios médicos publicados al respecto tiene un cierto efecto preventivo del mal de altura hasta en el 70% de los casos (¡ojo! esto no es una recomendación médica, consulta con tu médico antes de tomarte nada), y aparte íbamos armados con Ibuprofeno y Primperan por si finalmente los efectos llegaban a manifestarse.

La furgoneta empezó a subir, subir, subir y subir. El terrreno cada vez tiene menos vegetación por la altura. La primera parada fue en un bar de carretera donde probamos un mate triple con hojas de coca, muña y otra de nombre irrepetible. Se suponía que esto también nos ayudaría contra el soroche. El sabor era como el de cualquier infusión, lo único es que ponen las hierbas tal cual en la taza y echan el agua caliente encima sin más lo cual lo hace incómodo de beber, da la sensación de que estás bebiendo césped.

Altiplano

La siguiente parada fue en una zona protegida donde se pueden ver vicuñas, una de las 4 especies de camélidos que pueblan Perú junto a la alpaca, la llama y el guanaco. Éste último y la vicuña son salvajes. La vicuña es muy apreciada por su fibra y cada año los ganaderos locales las capturan y trasquilan para liberarlas a continuación. Es una especie protegida de manera “enfermiza”, hasta el punto que el atropello accidental de uno de estos bichos te puede costar la cárcel.

La siguiente parada fue en una granja donde tenían un gran número de llamas en un cercado. Oportunidad perfecta para unas fotos de cerca e incluso para la turistada de coger una llama pequeña en brazos.

VicuñaPrecaución llamasLlamas

Seguimos subiendo y subiendo hasta que finamente paramos en el mirador de los volcanes, a 4.910 metros de altitud, lo que sería el punto más alto de la excursión. Allí se divisaba un paisaje agreste, casi sin vegetación, que podríamos calificar de lunar y a lo lejos varios de los volcanes más altos de la zona siendo el de mayor altitud el Ampato con 6.310 metros. Curiosamente en esta zona no estaba nevado ya que el sol pega de lleno y sólo queda algún pequeño nevero donde el sol nunca llega. Magníficas las vistas. Aquí el soroche se me manifestó en forma de un ligero dolor de cabeza pero perfectamente soportable.

Mirador de los Volcanes

Desde ahí comenzó el descenso vertiginoso por una prolongada pendiente que ponía los pelos de punta y que nos llevaría a nuestro destino final, Chivay.

restauranteParamos a comer en un restaurante buffet para turistas, el Qhapaq Nan (S/.20). La comida no estaba mal, sencilla y aceptablemente cocinada sin más. Podíamos elegir entre distintas sopas, alpaca, guisos de lentejas, trucha y el socorrido pollo. Lo mejor la sopa-puré de patata dulce y lo peor el postre, un arroz con leche-agua totalmente incomible que no mejoró nada regándolo con pseudosirope rojo siguiendo la costumbre local.

A continuación nos llevaron al hotel para dejar las maletas, darnos un pequeño descanso y cambiarnos para ir a nuestro siguiente destino. El soroche me revolvió un poco el estómago pero nada realmente molesto ni que me impidiese continuar. Los demás no notaron nada especial tampoco, salvo algún leve dolor de cabeza que cedió solo o con Ibuprofeno.

Las piscinas de aguas termales (S/.15) están a unos 5 km. de Chivay, y se supone que tienen propiedades curativas. Para llegar a ellas hay que atravesar el profundo cañón del río por un puente colgante consistente en listones de madera clavados a unas cuerdas (hecho a mano Dios sabe cuándo) y que no nos inspiraba ninguna confianza. Tampoco ayudaba el cartel a la entrada que prohibía pasar el puente a más de 2 personas a la vez. Como somos súper aventureros :-S nos despedimos unos de otros y allá nos lanzamos, el artilugio se movía muchísimo al pasar y hubo momentos criticos pero superamos la prueba y llegamos a las modestas instalaciones de las piscinas, apenas un cobertizo con unos vestuarios con cortinas, alguna ducha y un pequeño bar. Ahí fue cuando me dí cuenta de un pequeño detalle y es que me había olvidado del bañador así que no tuve otro remedio que dejar de lado el sentido del ridículo y bañarme en gayumbos intentando ignorar las carcajadas de mis colegas.

Chivay - Puente colgante hacia aguas termales

Las piscinas son pequeñas piletas llenas de agua termal a distintas temperaturas pero siempre por encima de 35 grados. Allí nos pasamos un par de horitas de merecido relax, felices de estar calentitos con el frío que pelaba fuera.

Tras este estupendo “momento Spa” volvimos nuevamente al hotel para un descanso y todavía nos dio tiempo a dar una vuelta por el pueblo antes de que viniesen a recogernos para ir a cenar.

Chivay es una pequeña ciudad todavía por desarrollar con escasos puntos de interés: la Iglesia (de estilo colonial, merece la pena darse una vuelta y ver sus paredes adornadas con pintura de muchos colores y sus santos y Vírgenes de trajes coloridos y plagados de brillos), el curioso mercado local muy poco turistizado al lado de la plaza de Armas y una calle peatonal llena de estatuas también muy coloridas y curiosas de significado incierto que creemos que representaban personajes del folclore local. Todo se recorre en poco más de una hora.

Chivay

Tampoco está muy animado el tema en cuanto a bares y restaurantes. Los pocos que hay se dedican a los grupos de turistas que vienen en viajes organizados como el nuestro.

restauranteLa cena fue en el restaurante El Horno, donde nuestro tour nos ofrecía una cena + espectáculo de música y danzas locales. La comida superaba con creces la de por la mañana. Tenían un menú por S/.20 bebida aparte, y los platos de la carta andaban entre los S/.10 y S./25. Dado que el menú tenía un poco de todo (aunque en menores cantidades) tres de nosotros nos decidmos por él. Consistía en una rica sopa de pollo (aquí la llaman dieta de pollo) y un lomo salteado. Para este plato cortan la carne de alpaca en tiras y la fríen con cebolla y pimiento al modo de las fajitas mejicanas, para que os hagáis una idea. Mis amigos eligieron el menú con sopa + pizza, otra de las especialidades del local. Eran unas pizzas curiosamente cuadradas, que hacen en un gran horno de barro tipo Pereruela en el propio local y que estaban muy muy buenas.

Acompañando todo esto un grupo de música peruana en directo y unos bailarines con trajes de mil colores muy coloridos que representaron danzas típicas muy interesantes y curiosas, como la dedicada a la malaria en la que se azotaban el uno al otro. En todas las danzas sacaron a bailar a gente del público (alguno de nuestros amigos también actuó) pero el que no olvidará la cena va a ser el limeño que venía en nuestro grupo, que en la danza de la malaria salió “voluntario” y se llevó una buena somanta de palos. Sin ser lógicamente un súper-espectáculo, sí se hizo ameno. Al final tanto músicos como bailarines pasaron la gorra en busca de una propinilla.

hotelEste día dormimos en el hotel Colca Inn, en la calle peatonal central de Chivay. La habitación es pequeña, con lo justo para dormir, un par de mesitas y una mesa donde dejar las cosas. El baño también era justo de tamaño pero estaba todo muy limpio. Para la zona tan pobre en la que estábamos podríamos decir que era un hotel de semi-lujo.

Lo peor del hotel era el tremendo frío que hacía en la habitación, parece que el poco sol que le daba no llegaba a calentar nada el ambiente durante el día. Hay la opción de pedir un radiador pagando un suplemento (S/.20) aunque en nuestro caso la calefacción venía incluída en la excursión contratada y dormimos muy bien, sin nada de frío.

curiosidadesPor lo que vamos viendo, la calefacción no es nada fácil de encontrar en este área del país, ni siquiera en los mejores hoteles, a pesar de ser zonas muy turísticas y tener temperaturas cercanas a los cero grados durante la noche.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s