Día 02: Arequipa

Madrugamos forzadamente porque a las 6 de la mañana empezó a pasar una procesión religiosa al lado del hostal (¿cómorrrr?). Finalmente marchamos del hostal a las 7 para proseguir la odisea en pos de nuestras maletas solo para encontrarnos que la oficina de equipajes de LAN… ¡no abría hasta las 8! Oiga, ¿no se le ocurrió a la señorita del día anterior comentarnos el horario? En fin. A esperar en el aeropuerto.

Una vez abrió la oficina nos enteramos de que las maletas sí que habían llegado pero que estaban en un almacén al que no se podía acceder en ese momento (¿cómorrrr?). Así que acordamos que nos las enviasen a nuestro hotel de Arequipa ese mismo día, aunque no estábamos muy convencidos de que las fuésemos a ver tan pronto.

El vuelo Lima-Arequipa con LAN duró algo más de 1 hora aunque acumuló media hora de retraso. En las cercanías de Arequipa se ve un paisaje agreste semi-desértico salpicado por altas montañas y cañones provocados por la erosión. Ocasionalmente se ve alguna mancha verde correspondiente a cultivos.

Al bajar del avion lo primero que nos cautivó fue la presencia del volcán Misti, que con sus 5.800 metros y su forma cónica domina señorialmente la ciudad. “Misti” significa “señor” y es un nombre muy apropiado.

Arequipa
Arequipa

Tomamos un taxi hasta nuesto hotel que nos costó el precio estandarizado de S/.20.

Llegamos al hotel pasadas las 12 del mediodia y para nuestra desgracia la habitación todavia no estaba lista. Bueno, en realidad no nos importó tanto puesto que no teniamos maletas, así que dejamos en recepción el mínimo equipaje de mano y nos dispusimos a recorrer la ciudad, de nuevo “con lo puesto” desde que salimos de casa :-P.

Al lado del hotel hay un parque enorme al que por lo visto los domingos media ciudad va allí de picnic con los niños. Incluso se había montado una pequeña feria con atracciones y música. La gente llegaba sin cesar en los pequeños (tipo Chevrolet Matiz), económicos y un tanto destartalados taxis para locales.

Bajamos andando las 6 manzanas de distancia que hay hasta el centro de la ciudad, la Plaza de Armas. Según nos íbamos acercando los edificios se volvían más señoriales aunque rara vez superaban un piso de altura.

Arequipa

Llegados a la plaza de Armas lo que más llama la atención es la catedral, majestuosa, con sus dos torres y ocupando todo un lateral de la plaza. Por el resto de los lados la plaza es aporticada en dos alturas, de piedra de precioso color blanco. Bajo los arcos esta plagada de terrazas de bares y restaurantes sobre todo en el piso alto. Había un gran bullicio de gente, parece que los peruanos los días festivos tienen la costumbre de salir a las plazas y parques con sus mil niños. En medio del bullicio en el mismo centro hay una pequeña y simpática estatua de un soldado pregonero llamado el Tuturutu.

Arequipa - Plaza de Armas

Entramos a la catedral y aunque es grande por dentro no llama nada la atención, bastante reciente con alguna estatua de marmol que no mereció la pena ni para una foto, así que salimos por la puerta posterior. Esta puerta da a un coqueto callejón peatonal con tiendas y terrazas muy agradables para tomar algo tranquilamente.

20130912-144102.jpg

Las iglesias en general presentan unas fachadas muy bonitas. Como casi todos los edificios más señoriales están hechos de una piedra blanca que da el sobrenombre a Arequipa: la ciudad blanca. En las fachadas de las iglesias llama la atención la ornamentación con relieves basados en motivos no religiosos, sobre todo flores, plantas y serpientes, seguramente inspirados en los grabados incas que les dan un aire “hippie” muy original. En este aspecto destaca la iglesia de Santiago situada en una de las esquinas de la Plaza de Armas con su preciosa portada floral.

Arequipa - Iglesia de la Compañía

restauranteComimos en una de las terrazas del callejón de la catedral. Fue una gozada comer con las vistas a la catedral, y sobre todo al horizonte tipico de Arequipa con sus volcanes nevados al fondo y por supuesto al Mistí.

La comida arequipeña es de preparación sencilla. Primero pedimos unas alitas picantes en su justo punto de crujientes y de picante. De las más ricas que hemos probado. Veníamos con muchas ganas de probar el cebiche, asi que aprovechamos esta terracilla para estrenarnos. Nos pareció suave y con un toque ácido de limón muy acertado. Y por último un bistec de alpaca con patatas (muy ricas) y cebolla ligeramente pochada (también muy buena). La alpaca es una carne ligeramente correosa, por lo demás bastante parecida a una ternera.

Con una botella grande de cerveza Arequipeña (buen sabor, un poco fuerte) y una de agua el total fueron unos S/.80.

Después de comer nos dirigimos al monumento más famoso de Arequipa, el monasterio de Santa Catalina (S/.35). Es un antiguo monasterio de clausura que ha sido abierto hace poco al turismo y que es una verdadera ciudad dentro de la ciudad. Consiste en una sucesión de callejuelas a lo largo de las cuales se encuentran las celdas, que son como pequeñas casas donde vivían las monjas de clausura, con su mobiliario original perfectamente conservado tal cual fue en su día. Por el camino se cruzan varios claustros pintados con un colorido muy vivo que los hacía muy atractivos a la vista. Por lo visto a este monasterio eran enviadas como monjas las hijas de las familias más pudientes de la época, por supuesto con un ejército de cocineras y sirvientas. Era muy curioso ver las cocinas de cada celda con sus paredes ennegrecidas por el humo. Al final del recorrido hay un mirador con vistas a toda la ciudad y, como no, al Mistí.

Arequipa - Monasterio Sta. Catalina
Arequipa - Monasterio Sta. CatalinaArequipa - Monasterio Sta. Catalina

Llegó el momento de descansar de la paliza del viaje, del paseo por Arequipa (ya a 2.300 metros de altitud y con un sol abrasador) y también de darnos un pequeño homenaje ya que teníamos una efemérides que celebrar. Nos dirigimos al hotel dispuestos a pasar el resto de la tarde en la piscina y la primera sorpresa nos esperaba al llegar: ¡ya estaban allí nuestras maletas! Por desgracia no pudimos disfrutar de la piscina todo lo que quisimos, el retraso del avión nos obligó a emplear parte de la tarde en visitar la preciosa ciudad añadido a que aquí oscurece muy pronto (a las 6 de la tarde) así que sólo hubo tiempo para darnos un pequeño (pero merecidísimo) baño y disfrutar del primer pisco sour del viaje por cortesía del hotel.

hotelEl hotel que elegimos fue el Hotel Libertador, uno de los mejores de Arequipa, ya que ese día estábamos de celebración y queríamos algo especial. Este hotel además es de los pocos con piscina lo cual es un plus.

Nominalmente es de 5 estrellas aunque yo le daría un 4 estrellas español. Nos parece que no estuvo a la altura al no tener una habitación disponible pasadas ya las 12:00 (no nos pareció que hubiese tantos huéspedes) o al menos ofrecernos una habitación de cortesía para la llegada, al carecer de ascensor para subir al segundo piso o por el simple hecho de tener que rellenar nosotros los formularios de entrada (no me molesta hacerlo, pero estamos hablando de un 5 estrellas, ojo).

En la parte positiva destaca que te ofrecen un pisco sour (o bebida no alcohólica) como detalle de bienvenida, siempre hay mate de coca o té disponibles en el lobby para los clientes y que disponen de un personal de lo más amable.

Las habitaciones son enormes con cama king size (o más) y con baño también grande y bien equipado. La cama cómodísima y con edredón y almohada de plumas, justo lo que necesitábamos para recuperarnos del largo palizón de viaje.

Como estábamos tan cansados a la hora de cenar nos dió mucha pereza bajar al centro así que cenamos en el mismo restaurante del hotel.

restauranteEl restaurante Los Robles, en la planta baja del Hotel Libertador, está sobriamente decorado. De la carta elegimos un ceviche de corvina, papa dulce y choclo (maíz). El ceviche venía en trozos gruesos que se deshacían en la boca en su punto de acidez. Exquisito.

De segundo trucha con salsa maracuya y malaya con salsa criolla. La trucha demasiado hecha para mi gusto aunque gracias a ello la piel estaba super crujiente. Sorprendente la combinación con la salsa maracuyá, a la vez ácida y dulce aunque quizá destacaba en demasía el toque ácido. Interesante aunque no redondo.

La malaya es un plato local que se hace con la carne del costillar bajo que se asa a baja temperatura durante 4 horas. No estaba mal al principio pero al perder temperatura la carne se volvió más correosa. Plato no recomendado.

Pedimos un vino blanco de Perú de la zona de Ica. Entraba bien aunque tampoco nos pareció de gran calidad. Con todo la cuenta nos sale por S/.220.

A destacar por último la gran atención y amabilidad de Gonzalo, que nos hizo la velada más agradable.

curiosidadesEn Perú no hay costumbre de acompañar la comida con vino. Según nos contó Gonzalo, en la antigüedad Perú producía mucho vino para ser enviado principalmente a España, pero al independizarse el pais este mercado entre Perú y España lógicamente se acabó. Al no tener salida el producto por perder su mercado principal las viñas fueron cayendo en desuso y se perdieron, ya que los peruanos nunca fueron consumidores de vino.

Hoy de la mano de los grandes chefs peruanos se está recuperando esta costumbre y hay una floreciente industria vitícola, localizada principalmente en la zona de Ica.

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Un comentario en “Día 02: Arequipa

  1. Miguel Maiquel dijo:

    Saludos desde la vieja metrópolis. Me alegro que os haya gustado el Misti y la estancia en el Holtel el Libertador.

    En cuanto a las maletas y demás…¡Ya vais captando la esencia del individuo peruano!
    Saludossss cordialessss

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